Lo que comenzó con el reciente diagnóstico de celiaquía de una niña de la Sala de 5 del Jardín de Infantes N.° 119 «René Favaloro», de la localidad de Hughes, se convirtió en una experiencia de aprendizaje compartido. Gestado dentro de la Comunidad Saludable, de la Red de Comunidades de Aprendizajes, el proyecto nació a partir de preguntas, recetas, investigaciones y del trabajo conjunto entre la escuela, las familias y la comunidad. Así los niños descubrieron que incluir también significa pensar cómo cocinar, aprender y compartir para que todos puedan participar.
Cuando una familia compartió con el jardín el reciente diagnóstico de celiaquía de su hija, surgieron muchas preguntas. ¿Qué era la celiaquía? ¿Qué alimentos podía comer? ¿Cómo evitar la contaminación cruzada? ¿Qué debía cambiar para que pudiera participar de las mismas experiencias que sus compañeros?
Así comenzó un recorrido que involucró a toda la sala. La docente también aprendió desde cero: investigó sobre manipulación segura de alimentos, contaminación cruzada y recetas sin TACC. La familia, una nutricionista y personas de la comunidad acompañaron el proyecto, compartiendo conocimientos y experiencias que enriquecieron cada paso.
Poco a poco, cocinar dejó de ser solamente una actividad para convertirse en una oportunidad para construir inclusión. Preparar recetas sin TACC permitió que todos pudieran mezclar, amasar, decorar y cocinar juntos. Julia no solo podía alimentarse de manera segura: también podía participar plenamente de cada experiencia.
La sala investigó el símbolo «Sin TACC», exploró envases, visitó la verdulería e incorporó alimentos saludables a través de distintas recetas. Durante el acto del 25 de Mayo, el stand de comidas patrias ofreció chipá y alfajorcitos de maicena elaborados sin TACC, demostrando que las comidas tradicionales también pueden compartirse de manera segura.
En medio del recorrido, una pregunta de un niño abrió nuevas conversaciones: «¿Pero cómo puede ser? ¿Julia todavía sigue enferma?». Esa inquietud permitió comprender que, además de aprender los cuidados necesarios, era importante entender qué significa vivir con celiaquía y por qué esos cuidados deben mantenerse de forma permanente.
La experiencia también trascendió las paredes del jardín. Las familias comenzaron a compartir recetas y muchas solicitaron las preparaciones realizadas en la sala, porque descubrieron que sus hijos aceptaban en el jardín alimentos saludables que en casa rechazaban. En los cumpleaños y en cada festejo se procuró que Julia pudiera compartir la misma celebración que sus compañeros.
Hoy, cuando la sala cocina, los chicos ya no preguntan quién puede comer una receta. Primero miran los ingredientes, recuerdan los cuidados y piensan en el otro. Julia, que al comienzo del diagnóstico se sentía diferente, hoy participa con naturalidad de cada propuesta, acompañada por compañeros que aprendieron que cuidarla no significa hacer algo especial para ella, sino hacer las cosas bien para todos.
Entre recetas, juegos y experiencias compartidas, la sala descubrió que la inclusión también se construye en los pequeños gestos cotidianos. Y ese fue, quizás, el aprendizaje más importante: comprender que todos podemos comer lo mismo.
Esta nota es Gentileza de la docente Daiana Sanchotena con contenido elaborado por la Sala de 5 años del Jardín de Infantes N.º 119 «René Favaloro», de Hughes.