En Ceres y Ambrosetti, distintas instituciones educativas desarrollan proyectos complementarios y situados que promueven la producción local y aprendizajes vinculados a las prácticas productivas y los recursos territoriales.
¿Qué sucede cuando los aprendizajes escolares se conectan con las necesidades y oportunidades de una comunidad? En el norte santafesino, un jardín de infantes, una escuela primaria, una secundaria rural orientada y una escuela técnica encontraron una respuesta posible: trabajar de manera articulada para transformar la producción de frutales en una experiencia educativa que integra producción local, alimentación saludable y valor agregado.
La propuesta reúne a la Escuela N.° 554 “Bernardino Rivadavia”, que articula los niveles Inicial y Primario, y al N.R.E.S.O. N.° 3308 de Ambrosetti, junto a la EETP N.° 308 “Malvinas Argentinas” de Ceres. Aunque cada institución desarrolla su propio proyecto, todas comparten una misma visión: aprender a partir de experiencias reales, vinculadas con el territorio y con impacto en la comunidad.
En Ambrosetti, el proyecto “Produciendo un futuro sustentable” promueve la producción y el cuidado de árboles frutales como una experiencia educativa vinculada a la alimentación saludable, el ambiente y el desarrollo local. La iniciativa involucra a estudiantes de todos los niveles, quienes participan en actividades relacionadas con la producción, el seguimiento y el aprovechamiento de los frutos.
El proyecto ya muestra resultados significativos: la comunidad educativa avanza hacia la meta de contar con 100 árboles frutales en el predio escolar y proyecta nuevos desafíos, entre ellos la incorporación de nogales que permitirán ampliar la diversidad productiva y continuar fortaleciendo el trabajo a largo plazo. «Cuando se creó el Núcleo Rural, en 2009, existía un pequeño grupo de diez frutales y, con la mirada de nuestros estudiantes, decidimos convertirlo en el eje de nuestro proyecto. En 2011 realizamos una plantación muy importante y hoy contamos con entre 60 y 70 plantas en producción. Nuestro objetivo es llegar a los 100 frutales, aunque el crecimiento supone desafíos, ya que somos una escuela pequeña y los costos de reposición son elevados. Por eso, también hemos aprendido a reproducir nuestras propias plantas mediante acodos y esquejes, transformando cada dificultad en una oportunidad de aprendizaje», expresó Diego Mazzieri, Coordinador Rural del Núcleo N° 3308.
La experiencia encuentra su complemento en Ceres, donde la EETP N.° 308 desarrolla el proyecto “Sabores de mi tierra”, una propuesta que busca transformar la materia prima obtenida en el monte frutal escolar en productos elaborados con valor agregado. Allí, estudiantes de distintos años participan en todo el proceso de industrialización, desde la producción y conservación de frutas hasta la elaboración de mermeladas, dulces, jugos, panificados y otras conservas.
«Es muy valioso que los estudiantes descubran todo lo que pueden generar a partir de recursos simples, como semillas, acodos y esquejes, y que incluso puedan proyectar sus propios montes frutales. Cuando la producción crece y se diversifica, también surgen nuevas oportunidades de agregar valor mediante la elaboración de mermeladas, conservas y otros productos que expresan la identidad de la comunidad. En Ceres ya transitamos esa experiencia con la comercialización de productos orgánicos elaborados en la escuela y creemos que esta propuesta también puede convertirse en una oportunidad de desarrollo para Ambrosetti», Compartió Nora Calderón, Vicedirectora de la EETP N.° 308.
La articulación entre ambas experiencias permite visualizar un ciclo productivo completo: plantar, cuidar, cosechar, transformar y compartir. A lo largo de ese recorrido, los estudiantes incorporan conocimientos de ciencias naturales, tecnología, economía, gestión, comercialización y sustentabilidad, mientras desarrollan capacidades vinculadas al trabajo colaborativo, la resolución de problemas y el compromiso con su entorno.
Además de generar aprendizajes significativos, estas iniciativas fortalecen el sentido de pertenencia entre los jóvenes rurales al mostrar que la escuela puede ser un espacio para construir oportunidades de desarrollo en sus propias comunidades.