INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO
El proyecto nació a partir de la preocupación de las instituciones rurales por la creciente tala de árboles en la comunidad. A partir de allí, una invitación de la Escuela N° 328, donde su directivo, es parte de una ONG sin fines de lucro, “Custodios del territorio”, quienes llevan adelante un proyecto llamado “Un metro cuadrado de Arboles Nativos”. Este proyecto, se asemejaba a la problemática de nuestros contextos. Por lo que nos pareció pertinente sumarnos.
Desde el inicio, se buscó generar conciencia ambiental desde edades tempranas e involucrar a las familias en acciones de cuidado del entorno. El principal desafío fue adaptar un proyecto de reforestación a las características del nivel inicial/nivel primario en salas multiedad y coordinar acciones entre varias instituciones y la ONG participante.
La relación entre la pregunta impulsora, los objetivos y el producto final fue clara y coherente. La pregunta ¿Cómo proteger los árboles guio las actividades; los objetivos apuntaron a sensibilizar, investigar y actuar; y el producto final parquización y donación de árboles.
Se volvería a elegir tanto la pregunta impulsora como el producto final, ya que resultaron pertinentes y motivadores. Sin embargo, se proyectaría una mejora en los mecanismos de registro, tiempos de seguimiento y articulación entre instituciones. El proceso de diseño se valora por su impacto pedagógico y por la posibilidad de trabajar un problema real desde la escuela.
DESARROLLO DE LA EXPERIENCIA
El proyecto transitó por etapas de indagación, exploración, planificación y acción. Se realizaron salidas al entorno, charlas y experimentación con las personas de la ONG, que fueron los primeros en darnos a conocer su manera de trabajar y de tratar con las especies nativas. Luego se realizó la recolección, clasificación de semillas, la escarificación de las mismas antes de poder plantarlas. Además, se necesitó recolectar los recipientes en donde se plantarían las semillas. Los mismos fueron envases de tetrabrik, donde se solicitó a las familias la colaboración para juntar la cantidad deseada (150 envases), las cuales también tuvieron su proceso de limpieza, agujerearlas en la base, luego el llenado con tierra. Este también fue un proceso, ya que necesitamos investigar sobre el suelo, para que tuvieran los nutrientes necesarios para que germinen las semillas. Una vez realizado este proceso, se continuo con la plantación, germinación y primeros brotes. Esto ultimo se produjo hacia finales del año escolar, por lo que luego involucramos a la comuna local y sobre todo al vivero comunal, quienes tendrían en guarda a las especies hasta el inicio del ciclo escolar del presente año 2025.
La socialización quedo acotada a los intercambios entre los estudiantes y con las demás escuelas, a través de los registros fotográficos de cada etapa del mismo, pero no se logró la socialización del producto final, con toda la comunidad educativa como estaba previsto ya que surgieron contratiempos para recuperar las especies. Con esto queremos mencionar que, el momento de la restitución de las especies se fue dilatando, llegaron muy tarde a nuestro cuidado, no en la totalidad que se había plantado y no en el mejor estado, por lo que no pudimos concretar el mismo. Por lo tanto, la socialización con la comunidad educativa (docentes, padres y demás actores) no se logró.
Los estudiantes participaron activamente en cada instancia del proyecto. Las familias colaboraron aportando los elementos que desde la escuela no contábamos y que sí desde sus hogares. También participaron docentes de escuelas rurales y la ONG Custodios del Territorio, brindando asesoramiento técnico.
Se presentaron dificultades relacionadas con la germinación, donde solo un 20% de lo sembrado germino. Los tiempos naturales, la sequía y el excesivo calor durante el receso estival y la coordinación interinstitucional.
Se destacan los primeros brotes obtenidos, la motivación sostenida de los niños, la producción creativa, el compromiso familiar y el fortalecimiento de la red entre instituciones rurales.
Los estudiantes comprendieron el ciclo de vida de los árboles, diferenciaron especies y desarrollaron habilidades de observación y comunicación. Los docentes consolidaron prácticas de ABP, articulación institucional y estrategias para la educación ambiental.
Se prevé mejorar los registros, planificar encuentros interinstitucionales presenciales y extender el proyecto hacia la forestación del patio escolar y la distribución de retoños a las familias.
El proyecto permitió transformar un problema ambiental real en una experiencia educativa profunda y significativa, fortaleciendo la participación estudiantil y los vínculos interpersonales. El compromiso con nuestra casa común y promoviendo la conciencia ambiental en todo el entorno rural.
APRENDIZAJES Y CONCLUSIONES
La evaluación fue procesual y formativa, con registros periódicos realizados a través de rúbricas adaptadas a Educación Inicial, observaciones docentes y documentación fotográfica del proceso, que lamentablemente no pudo llegar a su fin por todos los obstáculos mencionados anteriormente.
Se proyecta reforzar los mecanismos de registro, concretando un cronograma de actividades y responsables de cuidado durante los recesos de cada ciclo escolar.
El proyecto “Un metro cuadrado de árboles nativos” permitió transformar una problemática ambiental concreta en una experiencia pedagógica rica, significativa y de impacto comunitario.
La participación activa de los estudiantes, familias, escuelas asociadas y la ONG demostró que la educación ambiental, cuando se vive desde la acción, fortalece la responsabilidad ciudadana y genera aprendizajes perdurables.