INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO
Durante el mes de agosto se llevó adelante el proyecto institucional “Voces de la Infancia”, articulado con la revisión y actualización de los acuerdos de convivencia escolar, culminando con una jornada de juegos en el marco del Día de las Infancias. La propuesta tuvo como objetivo reconocer a niñas y niños como sujetos de derecho, en consonancia con la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.061, promoviendo el derecho al juego y una convivencia libre de violencia.
El proyecto comenzó a partir de la necesidad institucional de fortalecer los vínculos y prevenir situaciones de bullying, entendiendo que la convivencia no se limita a la ausencia de conflictos, sino que implica la construcción colectiva de acuerdos basados en el respeto, la inclusión y el cuidado mutuo. Las expectativas iniciales estuvieron centradas en generar espacios de diálogo genuino y participación activa, mientras que uno de los principales desafíos fue transformar situaciones cotidianas de conflicto en oportunidades pedagógicas para enseñar a convivir.
La pregunta impulsora que orientó el trabajo fue:
¿Podemos disfrutar del juego si alguien se siente excluido? ¿Qué actitudes necesitamos poner en práctica para que todos y todas se sientan respetados al jugar?
Esta pregunta mantuvo coherencia con los objetivos del proyecto y con el producto final: Desarrollar una jornada lúdica donde el juego se constituya como herramienta pedagógica para aprender a convivir conviviendo. A través de propuestas recreativas y cooperativas, se promovió el respeto por las reglas construidas colectivamente; la empatía, la resolución pacífica de conflictos y el rechazo a toda forma de discriminación o maltrato.
En cuanto a la reflexión sobre el proceso, se considera que la pregunta impulsora resultó pertinente y significativa, ya que permitió vincular el derecho al juego con la responsabilidad de garantizar una convivencia respetuosa. Volveríamos a elegirla, aunque podría enriquecerse incorporando explícitamente la noción de diversidad. El producto final —la jornada de juegos— fue adecuado y coherente con la propuesta, ya que permitió vivenciar en la práctica los acuerdos trabajados previamente.
Como aspecto a valorar, se destaca la participación activa de los estudiantes en la construcción de acuerdos y en la organización de las actividades. Como mejora, se podría profundizar la instancia de evaluación colectiva posterior, para sistematizar aprendizajes y fortalecer el carácter preventivo y reparador de la convivencia escolar.
DESARROLLO DE LA EXPERIENCIA
La experiencia permitió consolidar aprendizajes significativos vinculados al reconocimiento de niñas y niños como sujetos de derecho, especialmente en relación con el derecho al juego y a una convivencia libre de violencia en el marco de la convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.892.
El estudiantado reflexionó sobre sus propias prácticas, identificando actitudes asociadas al bullying. Comprendiendo el juego con su respectiva asunción de responsabilidades por quienes lo comparten: respetar reglas, incluir a todos y todas, aceptar las diferencias y resolver conflictos mediante el diálogo. Se fortalecieron habilidades como la empatía, la escucha activa, el trabajo en equipo y la participación democrática.
Uno aprendizajes centrales fue la construcción y el desarrollo de los acuerdos institucionales de convivencia. A través de instancias de diálogo y participación, los estudiantes comprendieron que existen en las pautas y acuerdos de convivencia herramientas colectivas que garantizan derechos y organizan la vida en común. La revisión y actualización de los mismos permitió resignificarlos desde una perspectiva preventiva y reparadora, fortaleciendo el sentido de pertenencia y corresponsabilidad.
Como conclusión, el proyecto evidenció que el juego, acompañado desde una intencionalidad pedagógica clara, se convierte en una potente herramienta para enseñar a convivir. Del mismo modo, reafirmó que la construcción colectiva de acuerdos institucionales es fundamental para consolidar una cultura escolar democrática, inclusiva y respetuosa, donde cada estudiante sea protagonista activo de su propio proceso formativo.
APRENDIZAJES Y CONCLUSIONES
El año 2025 fue, para nuestra institución, un tiempo de construcción colectiva, de palabra compartida y de compromiso sostenido. Cada acción emprendida no fue un hecho aislado, sino parte de un entramado que buscó fortalecer la identidad institucional y poner en el centro a nuestros estudiantes como sujetos de derecho.
A lo largo del año, las producciones audiovisuales reflexivas que compartimos en redes sociales se transformaron en una ventana abierta a la comunidad. No solo mostraron lo que hacemos, sino que invitaron a pensar, a cuestionarnos y a reafirmar el sentido de nuestra tarea. Cada mensaje fue una oportunidad para visibilizar valores, procesos y aprendizajes que muchas veces ocurren en lo cotidiano, pero que merecen ser narrados y celebrados.
La elaboración y socialización del Libro de los Derechos constituyó un hito significativo. No se trató únicamente de un material pedagógico, sino de un posicionamiento ético: reconocer, enseñar y defender los derechos como parte esencial de la formación ciudadana. El trabajo en torno a este libro promovió el diálogo, la escucha y la reflexión crítica, fortaleciendo la conciencia de que la escuela es un espacio donde los derechos se conocen, se ejercen y se garantizan.
Asimismo, la construcción y revisión del Acuerdo de Convivencia reafirmó nuestro compromiso con una cultura institucional basada en el respeto, la responsabilidad y la participación. Este proceso permitió que las normas dejaran de ser solo enunciados formales para convertirse en acuerdos vivos, construidos desde la palabra y el consenso, comprendidos como herramientas para convivir mejor.
El 2025 nos deja aprendizajes profundos: que comunicar también es educar, que reflexionar en comunidad nos fortalece y que cuando trabajamos con claridad de propósito, cada acción adquiere sentido. Cerramos este ciclo con la convicción de que lo construido no termina aquí, sino que sienta las bases para seguir soñando y proyectando una escuela cada vez más justa, participativa y humana.