INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO
El proyecto de “Manos a la tierra” – Huerta escolar. Comenzó a partir de una necesidad concreta detectada en la comunidad educativa: promover hábitos de alimentación saludable y generar conciencia sobre el cuidado del medio ambiente mediante experiencias de aprendizaje significativas. A partir de la pregunta impulsora “¿Cómo podemos diseñar, construir y mantener una huerta escolar que promueva la alimentación saludable y beneficie a nuestra comunidad?”, docentes y alumnos iniciaron un proceso de reflexión colectiva sobre el origen de los alimentos, el uso responsable de los recursos naturales y el impacto de nuestras acciones en el entorno.
Desde sus inicios, el proyecto despertó grandes expectativas. Se esperaba que la huerta se convirtiera en un aula a cielo abierto, diferente al aula tradicional, donde los alumnos pudieran aprender haciendo: observar el crecimiento de las plantas, comprender los procesos naturales, trabajar en equipo y fortalecer valores como la responsabilidad, la cooperación y el respeto por la naturaleza. Asimismo, se proyectó que la producción de la huerta contribuyera al comedor escolar y, eventualmente, a la comunidad, fortaleciendo la idea de soberanía alimentaria y consumo sostenible.
Sin embargo, los primeros pasos también presentaron desafíos importantes. Entre ellos se destacaron la preparación adecuada del suelo, la organización de tareas entre los grupos de alumnos, el aprendizaje del uso responsable de herramientas, el cuidado constante frente a los cambios climáticos y la prevención de plagas. Estos desafíos iniciales fueron asumidos como oportunidades de aprendizaje, fomentando la resolución de problemas, el pensamiento crítico y el compromiso colectivo. De este modo, la huerta escolar comenzó a consolidarse no solo como un proyecto productivo, sino como una experiencia educativa integral pensada para perdurar en el tiempo y beneficiar a las futuras generaciones de la comunidad escolar.
La relación entre la pregunta impulsora, los objetivos y el producto final del proyecto “Manos a la tierra. La huerta escolar” presentan una coherencia clara y consistente. La pregunta orienta el trabajo hacia el diseño, la construcción y el mantenimiento de una huerta escolar con impacto en la alimentación saludable y en la comunidad. En concordancia, los objetivos propuestos desarrollan conocimientos, habilidades prácticas y valores vinculados al cuidado del ambiente, el trabajo colaborativo y la sostenibilidad. El producto final —una huerta escolar funcional y sostenible— constituye una respuesta concreta a la pregunta impulsora y evidencia el cumplimiento de los objetivos planteados, fortaleciendo el sentido pedagógico y comunitario del proyecto.
Considero que la pregunta impulsora y el producto final resultan pertinentes y significativos, por lo que volvería a utilizar y proponer en futuras implementaciones del proyecto, ya que orientan claramente el proceso de aprendizaje y permiten alcanzar los objetivos pedagógicos y comunitarios planteados.
Valoramos del proyecto:
La oportunidad de participar activamente en la planificación de la huerta escolar, lo que les permite expresar ideas y proponer soluciones.
Reconocer la importancia de investigar previamente sobre tipos de plantas, clima y condiciones del suelo antes de comenzar la siembra.
Considerar positivo el aprendizaje colaborativo al trabajar en equipo para el diseño y organización de la huerta.
La guía de expertos, como ingenieros agrónomos o miembros del INTA, que aportan conocimientos prácticos y experiencias reales.
Valorar la integración de contenidos curriculares de diferentes áreas (ciencias, matemáticas, lenguaje, ciencias sociales) en un proyecto práctico y significativo.
Que modificaríamos:
Mejorar la planificación del espacio para asegurar que cada planta tenga las condiciones necesarias (sol, agua y nutrientes).
Incorporar más herramientas.
Aumentar la participación de la comunidad educativa, incluyendo familias o vecinos, para enriquecer ideas y colaboración.
Revisar y ajustar los tiempos de cada actividad para que los alumnos puedan realizar las tareas sin prisas y profundizar en el aprendizaje.
Evaluar la inclusión de cultivos que sean más resistentes al clima local o que se adapten mejor a la disponibilidad de agua y suelo.
DESARROLLO DE LA EXPERIENCIA
Durante el desarrollo del proyecto se llevaron a cabo acciones concretas como la investigación sobre tipos de cultivos, la planificación del espacio de la huerta, la preparación del terreno, la siembra, el riego, el mantenimiento y la cosecha. Entre las decisiones tomadas se destacó la selección de especies acordes al clima local, la organización de tareas por grupos y la definición de un cronograma de cuidados para asegurar la continuidad del proyecto.
Las interacciones se desarrollaron de manera colaborativa entre alumnos, docentes, directivos y actores de la comunidad, como especialistas locales, promoviendo el intercambio de saberes, el trabajo en equipo y la participación activa. Los métodos utilizados incluyeron el aprendizaje basado en proyectos, la observación directa, el trabajo de campo, el registro sistemático de datos, la resolución de problemas y la reflexión grupal, favoreciendo aprendizajes significativos y contextualizados.
La participación de los alumnos fue activa y comprometida en todas las etapas del proyecto, desde la planificación hasta el cuidado y la cosecha de la huerta. El proyecto generó repercusiones positivas en la comunidad educativa, fortaleciendo el trabajo colaborativo entre docentes, directivos y familias. Se contó con la participación de agentes externos, como especialistas del INTA y referentes locales, quienes brindaron asesoramiento técnico y capacitaciones, también personal de la comuna de Bouquet quienes colaboraron con el mantenimiento del desmalezado del sector. Los padres de los alumnos colaboraron principalmente en el acondicionamiento del espacio, el aporte de materiales y el acompañamiento de las actividades, fortaleciendo el vínculo escuela–comunidad. Durante el desarrollo del proyecto se presentaron momentos críticos y obstáculos vinculados principalmente a factores ambientales. Las lluvias intensas y las bajas temperaturas dificultaron algunas tareas de siembra y mantenimiento, mientras que la presencia de mosquitos afectó el trabajo cotidiano en la huerta. Asimismo, se registraron dificultades en la germinación de ciertas semillas debido a su antigüedad. Estas situaciones exigieron ajustes en la planificación y favorecieron la reflexión, la toma de decisiones y la búsqueda de soluciones colectivas, fortaleciendo el carácter formativo del proyecto.
Entre los momentos de aciertos y logros se destacó la correcta organización del trabajo y el compromiso sostenido de los alumnos en el cuidado de la huerta. La adaptación a las condiciones del entorno permitió mejorar las prácticas de siembra y lograr cultivos saludables, como por ejemplo colocar una canilla para riego en el predio de la huerta y nuevas herramientas. Como resultados positivos, se consolidó la huerta como espacio pedagógico, se fortalecieron hábitos de alimentación saludable y se promovió el trabajo colaborativo, generando un impacto favorable en la comunidad.
La participación de los alumnos fue activa y comprometida en todas las etapas del proyecto, desde la planificación hasta el cuidado y la cosecha de la huerta. El proyecto generó repercusiones positivas en la comunidad educativa, fortaleciendo el trabajo colaborativo entre docentes.
APRENDIZAJES Y CONCLUSIONES
Durante el proyecto, los alumnos y educadores aprendieron:
Momento 1: Investigación y planificación
Estudiantes: Aprendieron a investigar sobre tipos de plantas, condiciones de cultivo y planificación de la huerta. Desarrollaron habilidades de organización, trabajo en equipo y toma de decisiones.
Educadores: Profundizaron en la integración de contenidos curriculares con experiencias prácticas, fortalecieron estrategias de guía y acompañamiento, y coordinaron la planificación del proyecto de manera interdisciplinaria.
Momento 2: Construcción y siembra
Estudiantes: Adquirieron habilidades prácticas en preparación del terreno, construcción de canteros y siembra, comprendiendo la relación entre factores ambientales y crecimiento de las plantas.8
Educadores: Aprendieron a gestionar recursos materiales y humanos, a supervisar el trabajo práctico y a adaptar las actividades frente a dificultades como semillas que no germinaron o condiciones climáticas adversas.
Momento 3: Cuidado y mantenimiento
Estudiantes: Aprendieron a monitorear y registrar el crecimiento de las plantas, resolver problemas como plagas o clima adverso, y valorar la constancia y responsabilidad en el cuidado del entorno.
Educadores: Fortalecieron la observación pedagógica, promovieron la autoevaluación y coevaluación de los alumnos, y consolidaron estrategias para fomentar hábitos sostenibles y cooperación.
Momento 4: Evaluación y presentación final
Estudiantes: Desarrollaron habilidades de comunicación al presentar resultados, reflexionaron sobre aprendizajes y lograron reconocer la importancia del trabajo colaborativo y la alimentación saludable.
Educadores: Reflexionaron sobre los logros y desafíos del proyecto, evaluaron el impacto pedagógico y comunitario, y obtuvieron herramientas para replicar experiencias similares en el futuro.
Para futuras implementaciones del proyecto, se podrían anticipar y planificar mejor los factores climáticos, como lluvias y bajas temperaturas, y garantizar la utilización de semillas en buen estado para mejorar la germinación. Sería útil incorporar más actividades de seguimiento y registro de datos de manera sistemática, así como ampliar la participación de agentes externos, como nutricionistas y expertos en agricultura urbana, para fortalecer los aprendizajes. Entre las ideas para próximas acciones se incluyen la creación de un compostero escolar, talleres de cocina saludable con los productos de la huerta, la expansión de la huerta a nuevas parcelas y la elaboración de materiales educativos para socializar la experiencia con otras escuelas y la comunidad local. Realizar un libro con instrucciones, consejos y sabiduría practica de nuestros abuelos sobre el cuidado de los cultivos. Pero estas deben ser recomendaciones en el sembrado.