INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO
En el JIN Nº 225 iniciamos el Proyecto en el año 2024, a partir de la necesidad de promover por parte de los estudiantes un TRÁNSITO SEGURO, llevando a cabo propuestas para mejorar la calidad de vida de la comunidad.
Las expectativas se orientaron a que los niños/as reconocieran normas básicas e identificaron señales, comprendiendo conjuntamente la importancia de circular de manera responsable integrando las familias en estas prácticas.
Uno de los principales desafíos fue buscar estrategias para involucrar a las familias de la comunidad educativa en estas prácticas.
En cuanto a la pregunta impulsora y objetivos tuvieron coherencia con las necesidades del grupo y concordancia al producto final.
Si volveríamos a elegir la misma pregunta impulsora porque permitió orientar el proyecto de manera clara y mantener el foco en las necesidades reales de los grupos, Como también el mismo producto final porque resulto significativo para los niños/as y evidenció sus aprendizajes de forma concreta y participativa.
En cuanto a posibles de cambios, revisaríamos algunos aspectos del proceso de diseño, especialmente la articulación con organismos externos, ya que la municipalidad no brindó respuestas ante las gestiones realizadas. Esto nos llevó a reorganizar algunas propuestas. A futuro buscaríamos nuevas estrategias de vinculación comunitaria para fortalecer el proyecto sin depender de una sola institución.
DESARROLLO DE LA EXPERIENCIA
El Proyecto se desarrolló en diferentes fases. En primer lugar, se realizó una indagación sobre los saberes previos de las infancias respecto a las normas de tránsito y situaciones cotidianas de circulación. Luego se planificaron propuestas de exploración del entorno cercano, donde se observaron problemas reales, como la ausencia de señalización vial y el uso insuficiente del casco por parte de las familias. A partir de estas observaciones se tomaron decisiones claves para organizar dramatizaciones, juegos de roles, momentos de reflexión colectiva. Los métodos utilizados combinaron la observación directa, el juego simbólico, el trabajo colaborativo y las producciones plásticas.
La socialización del proyecto se realizó a través de diferentes instancias: intercambio cotidiano en las salas, muestras de producciones y una jornada final donde los niños/as repartieron folletos de concientización vial escritos por ellos mismos.
La participación de los estudiantes fue activa y sostenida. Se observó por parte de la comunidad educativa poca colaboración en la adopción de hábitos de cuidado en el entorno real. Se realizaron gestiones para articular con la municipalidad y solicitar acompañamiento externo; sin embargo no se obtuvo respuesta, lo cual limitó la posibilidad de incluir agentes especializados en el desarrollo del proyecto.
Entre los principales obstáculos se encontraron la falta de señalización real en las inmediaciones del jardín y la ausencia de acompañamiento municipalidad.
A pesar de las dificultades, se evidenció en el estudiantado mayor conciencia sobre el cuidado propio y del otro.
APRENDIZAJES Y CONCLUSIONES
Durante el desarrollo del proyecto, las infancias lograron reconocer señales viales básicas, comprender la importancia de respetar normas de circulación y adoptar actitudes de cuidado hacia sí mismos y hacia los demás. A través del juego simbólico, las observaciones del entorno y la construcción de materiales, incorporaron hábitos seguros y pudieron relacionar las propuestas con situaciones reales de su vida cotidiana. Para los educadores, el proyecto permitió profundizar en estrategias de enseñanza vinculadas al Aprendizaje Basado en Proyectos, fortalecer la observación como herramienta de evaluación y comprender la necesidad de articular con la comunidad para potenciar el impacto formativo.
En un próximo proyecto se buscaría ampliar la articulación con instituciones externas que puedan enriquecer las propuestas. Sería valioso generar nuevas vías de contacto o incluir otros organismos que trabajen la temática. Otra mejora sería profundizar la participación de las familias mediante talleres breves que impulsen hábitos seguros fuera de la organización educativa.
La experiencia resultó significativa, ya que impulsó aprendizajes concretos, visibles y transferibles a la vida cotidiana de los niños y niñas. El proceso evidenció que trabajar estas temáticas desde la primera infancia es fundamental para construir comportamientos responsables y una convivencia más segura.