INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO
El proyecto comenzó a partir de una necesidad concreta dentro de la institución: una pared recientemente pintada que, al quedar completamente lisa y sin intervención, despertó en los niños y docentes el deseo de transformarla en un espacio lleno de color, vida y expresión.
Los participantes del proyecto fueron la docente de Nivel Inicial del Anexo IV del Jardín de Infantes Nucleado N° 275, la docente de Primaria de la Institución rural CER N°540 y la profesora de Plástica del mismo establecimiento, junto con los estudiantes de ambos niveles, quienes aportaron ideas, miradas y propuestas desde sus distintas edades y experiencias. Ese espacio se convirtió en una invitación a imaginar, crear y compartir.
Desde el inicio las expectativas fueron altas: queríamos que el proyecto fuera una experiencia artística significativa, que permitiera a los estudiantes explorar el arte desde una participación activa. Los desafíos también se hicieron presente: algunos de ellos fueron: ¿cómo canalizar tantas ideas?, ¿cómo lograr que cada niño, niña, se sintiera parte?, ¿cómo traducir emociones, afectividad en imágenes?
La pregunta impulsora “¿Cómo podemos decorar la pared de nuestro jardín?” apareció como una guía que permitió ordenar estas ideas y abrir el abanico de posibilidades creativas.
A medida que avanzamos, se volvió evidente que la relación entre la pregunta impulsora, los objetivos y el producto final mantenía una fuerte coherencia. El mural no solo respondió a la necesidad estética de embellecer el jardín, sino que se convirtió en un espejo de las voces infantiles, sus sueños y sus formas de ver el mundo. Cada trazo, cada color, cada figura fue una manifestación artística cargada de sentido. El objetivo de expandir el repertorio de experiencias en el campo del arte se cumplió ya que los niños experimentaron con técnicas, dialogaron sobre estilos, observaron obras de distintos artistas y, sobre todo, se sintieron protagonistas ellos mismos.
Si volviéramos a iniciar este proyecto, probablemente elegiríamos nuevamente la misma pregunta impulsora, ya que permitió generar curiosidad y promover la toma de decisiones por parte de los alumnos. También propondríamos el mismo producto final, porque el mural no solo embelleció un espacio compartido, sino que se convirtió en un símbolo visual de identidad y pertenencia para toda la comunidad. Sin embargo, podríamos modificar algunos aspectos del proceso: por ejemplo, aquellos aspectos vinculados a la organización del tiempo y la selección de técnicas, con el fin de acompañar aún mejor las necesidades e intereses de los estudiantes. En conclusión, este proyecto no solo permitió decorar una pared, sino también fortalecer la creatividad, la participación y el sentido de pertenencia a través del arte.
DESARROLLO DE LA EXPERIENCIA
Proceso y acciones:
El desarrollo del proyecto se desplegó en distintas fases, cada una con sus propios aciertos y desafíos. Desde el inicio, se propuso que los niños realizaran dibujos inspirados en aquello que los hacía felices. Esto les permitió ingresar a su mundo emocional, y compartir una expresión genuina de sus deseos. Algunas de las cosas que surgieron fueron: los días de lluvia, comer pizza, jugar en la calesita, mirar las estrellas… Estos dibujos se convirtieron en la base del mural, un collage de alegría y ternura que transformó la pared del jardín en un rincón lleno de sentido.
Socialización:
Una vez culminado el proyecto se celebró una inauguración durante un acto escolar. Fue un momento de encuentro y reconocimiento, donde tanto los niños de nivel inicial como los de primaria compartieron su entusiasmo y orgullo por haber participado. Las familias, docentes y directivos fueron testigos del proceso y del resultado.
Participación de estudiantes y de la comunidad educativa:
La participación de los niños y niñas fue activa y comprometida. Se involucraron desde la etapa de inicio hasta la ejecución, eligiendo qué dibujar, compartiendo sus ideas y pintando el mural sobre la pared elegida.
Momentos críticos/ obstáculos:
No todos fueron aciertos, también hubo algunos desafíos que sortear, uno de ellos fue la diferencia de edad entre los participantes, ya que eran niños entre 4 y 12 años. Para garantizar una experiencia significativa, y teniendo en cuenta que las necesidades y habilidades de los estudiantes de nivel inicial no eran las mismas que los de primaria, y el espacio físico disponible no era muy amplio, lo que dificultaba el trabajo simultáneo de todos, se decidió dividirlos en dos grupos, lo que permitió adaptar las actividades y respetar los ritmos de cada etapa.
Momentos de logro/avances:
Los criterios de evaluación se centraron en la participación, la expresión artística, el trabajo colaborativo y el respeto por las ideas de los demás. Los logros fueron múltiples: los niños y niñas ampliaron su repertorio artístico, se apropiaron del espacio escolar, fortalecieron vínculos y vivieron una experiencia estética cargada de emoción. El mural se convirtió en un símbolo de identidad y pertenencia, y el proceso fue tan valioso como el resultado final.
APRENDIZAJES Y CONCLUSIONES
Principales aprendizajes: .
Cada etapa del proyecto fue una oportunidad de crecimiento tanto para los estudiantes como para los docentes. Aprendieron a observar su entorno con amor y sensibilidad. Aprendieron a colaborar, a respetar turnos, a valorar sus propias ideas y las de los demás.
Como docentes, descubrimos nuevas formas de acompañar la expresión infantil, también fortalecimos nuestras habilidades para coordinar grupos heterogéneos, gestionar tiempos compartidos en espacios reducidos, y diseñar estrategias que favorezcan la participación equitativa.
Implicaciones futuras:
En un próximo proyecto, podríamos incorporar a las familias o invitar a algún agente externo y quizás sumar momentos de exploración sensorial antes de pasar al dibujo. También surgieron ideas para futuras acciones, como crear una galería de arte con obras de los niños y niñas o intervenir otros espacios de la institución con propuestas colectivas. La experiencia nos dejó claro que el arte puede ser un puente poderoso entre la escuela, la comunidad y el mundo interior de las infancias.
Síntesis del valor de la experiencia:
El mural fue mucho más que una decoración: fue una experiencia de pertenencia y expresión. Los estudiantes aportaron su mirada única, sus emociones y sus recuerdos, y la comunidad educativa respondió con entusiasmo y reconocimiento. El aprendizaje fue profundo desde una dimensión afectiva: cada pincelada dejó huella en el espacio físico y en el corazón de quienes participaron. Esta experiencia reafirma el valor de los proyectos que nacen del sentir infantil y se construyen en comunidad.