INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO
El Proyecto surgió de la continuidad de la huerta escolar como espacio de cultura del trabajo y del reconocimiento del acceso a alimentos saludables como derecho de la infancia. Las expectativas iniciales incluían fortalecer la identidad institucional, promover hábitos saludables y generar vínculos comunitarios. Los desafíos fueron formular objetivos claros y definir indicadores de evaluación precisos.
Hubo coherencia entre la pregunta impulsora, los objetivos pedagógicos y los productos finales: Cosecha, elaboración de alimentos y plantines.
Para iniciar el Proyecto reformulamos la pregunta impulsora debido a que la actual presentaba limitaciones en cuanto a su capacidad para fomentar el pensamiento crítico y la investigación profunda, siendo una pregunta cerrada. Para mejorar este aspecto, nos planteamos reformularla hacia una versión más abierta, por ejemplo: ¿Qué necesitamos saber y hacer para producir nuestros propios alimentos saludables?
El producto final sería el mismo, ya que permitió integrar experiencias significativas.
Se valora la participación activa de los niños y se modificaría la formulación de objetivos para que sean más específicos y evaluables.
DESARROLLO DE LA EXPERIENCIA
Se desarrollaron tres experiencias concretas: Cosecha, elaboración de alimentos y producción de plantines. Estas acciones evidenciaron planificación coherente, resolución de problemas y aprendizaje activo. Se tomaron decisiones pedagógicas que habilitaron la participación y el pensamiento crítico.
Se implementaron estrategias claras para comunicar y visibilizar el proceso y los logros del Proyecto, involucrando a las familias y a la comunidad escolar.
Los estudiantes participaron activamente incorporando saberes y resolviendo problemas. Las familias se implicaron en el desarrollo del Proyecto, fortaleciendo vínculos. También se contó con organizaciones aliadas como agentes externos, Vecinal, Municipalidad, etc.
Se identificó como obstáculo la falta de indicadores concretos para evaluar los objetivos. También hubo desafíos en la formulación del objetivo general, que requería mayor claridad y realismo. En cuanto a la puesta en práctica, el mayor obstáculo fue la escasez de ladrillos y tierra que retrasó el armado de canteros y producción de plantines que no llegaron para la venta como se esperaba. Consideramos que fue una oportunidad para aprender que la producción depende de sincronizar materiales, tiempo y objetivos.
Se destacaron la participación activa de los niños, la implicación familiar, la producción concreta de alimentos y plantines, y la integración de contenidos curriculares significativos.
APRENDIZAJES Y CONCLUSIONES
Se aprendió sobre el cultivo, la alimentación saludable, el trabajo colaborativo y el pensamiento crítico. Los docentes reflexionaron sobre la importancia de formular objetivos claros y estrategias de evaluación sistemáticas.
En futuros Proyectos se propondría reformular los objetivos con indicadores medibles, fortalecer los instrumentos de evaluación y continuar promoviendo la participación comunitaria.
El Proyecto contribuyó significativamente al aprendizaje integral de los estudiantes, fortaleciendo la identidad institucional, promoviendo vínculos comunitarios e impulsando la participación activa y el pensamiento crítico desde la infancia.
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